lunes, 6 de septiembre de 2010

CANCER EN MENORES

UN PRIMER ACERCAMIENTO A LA ENFERMEDAD DE CANCER EN MENORES.

Ya resulta difícil asimilar una enfermedad como el cáncer en un adulto, más aun si cabe cuando se trata de un hijo.

Cuando se trata de niños y niñas pequeños resulta casi inconcebible el diagnóstico, aún así, la vida continua y los padres y madres tienen ante si la ardua tarea de afrontar esta nueva situación familiar.

En ocasiones son los padres los que sufren esta crisis vital casi en exclusiva. Si bien es cierto que a tan tierna edad las personas también sufren, los mayores deben ser conscientes de que la vitalidad y el optimismo típicos de estas edades hacen que el cáncer sea una carga mucho más liviana para estos pequeños. Por suerte, no paran de jugar, fantasear y divertirse en el hospital mientras su estado físico se lo permite. Y es justamente por eso que los hospitales se han desarrollado de tal forma que pueden incluir esta nueva situación, a través de talleres, payasos, clases, descansos, juegos… la estancia hospitalaria les resulta menos traumática, precisamente porque se les trata mas como niños que como enfermos. La tendencia es que los hospitales atiendan al estos pequeños seres humanos como personas en su globalidad, y no atender exclusivamente a la enfermedad.

Los padres por su parte, tienen al frente una tarea muy importante, acudir a los servicios sanitarios para que el menor sea atendido mediante los tratamientos pertinentes. Aunque ahí no acaba su misión, resulta extraordinariamente ventajoso que se abstengan de transmitir a los niños y niñas sus propios miedos, incluido el miedo a que pueda fallecer o presente altos padecimientos, simplemente porque el ritmo de estos menores es diferente al de los adultos, la realidad para ellos es diferente y por eso, en muchas ocasiones carecen de los miedos típicos de los adultos ante situaciones como esta.

El hecho de no arremeter contra los hijos con nuestros propios miedos tiene un fundamento muy sencillo, no cargarles de incertidumbres y amenazas extra. Pero, ¡cuidado!, el que sus progenitores no les transmitan sus miedos, no significa que estos no atiendan a los miedos del menor. Es importante afrontar sus preguntas con un lenguaje adecuado para su edad, de esto los padres entienden mejor que nadie, y facilitarles un entorno seguro y sensación de bienestar y arropamiento. Los menores pueden incluso realizar la pregunta de si se van a morir… quizá baste con decir “cariño, el equipo medico hará todo lo que esté en sus manos para que te cures”, o puede que esto no sea suficiente, por ejemplo en adolescentes. En alguna ocasión, es probable que a los progenitores les toque hablar de ello, o que busquen la ayuda de profesionales de la psicología, la religión, la medicina… en el caso de que ellos no puedan abordar el tema en profundidad. Por su parte, los profesionales de la psicología formados en psico-oncología, además de poder afrontar estas preguntas, también aportan directrices a los padres y madres de niños que padecen cáncer, sobre cuándo, como y qué decirles a los pequeños.

Verdaderamente, si los padres no se centran exclusivamente en la enfermedad, si logran ver a su hijo mas allá de los tratamientos y las condiciones físicas, si alcanzan tratarlos mas como niños que como enfermos, habrán triunfado sobre la enfermedad y cualquiera que sean las consecuencias de ésta, porque habrán logrado potenciar la felicidad de su hijo o hija, y no existe bien mas preciado para el menor y por ende para sus padres.


Sonia López Santiago (Psicologa)

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