sábado, 12 de marzo de 2011

Eduardo Punset - Los efectos de la escuela

Eduardo Punset

Acabo de regresar de Londres donde varios investigadores están aireando pruebas efectuadas a lo largo de estos últimos años sobre los efectos de la escuela en la conducta de los adultos. Resumiendo: los tres momentos cruciales en la vida de una persona son:

  1. la negociación madre hijo hasta los cinco años aproximadamente. Esta negociación de un refugio seguro para el niño, fundamentado en el apego sentimental, puede darle la seguridad y autoestima que necesita para abordar con posibilidades de éxito el siguiente paso crucial.
  2. En la escuela, el niño va a intentar replicar el entorno que le sirvió para sobrevivir la ansiedad de la separación de los padres -podrá experimentar a lo largo de la vida otros sentimientos tan fuertes, como el desamor en los adultos, pero nunca uno más destructivo-. En realidad, se acaba de comprobar que neurológicamente los dos sentimientos son idénticos.
  3. El último recodo es, por supuesto, la salida al exterior; la vida con todas sus alegrías y amenazas. Pues bien, lo que está cada vez más claro es que la conducta en esta etapa adulta está muy determinada por lo que ocurrió en las dos anteriores: en el regazo maternal y en la escuela. En función de ese pasado se llega a la vida adulta con curiosidad por descubrir más cosas, cuestionar dogmatismos y colaborar en construir algo mejor. O bien se llega con ánimo de repudiar y hasta de destruir lo que uno encuentra. También en función del éxito o fracaso de las dos etapas anteriores.

Lo anterior me ha llevado a dos conclusiones. A nivel conceptual, estoy convencido de que la ignorancia heredada sobre la competencia emocional y consiguientes errores cometidos por los padres en la gestión de las emociones en la infancia, son la semilla de los errores que esos niños cometerán, a su vez, con sus hijos el día de mañana. De ahí la degradación de la conducta colectiva que aumenta en progresión geométrica.

El problema sólo puede abordarse acometiendo por primera vez en la historia de la educación, la enseñanza de la competencia emocional. No es lo mismo que la inculcación de valores, que siempre será sospechosa de caldos ideológicos. De lo que se trata -y es lo que se está considerando en Europa- es de la fase previa en la que, mediante el proceso científico, se explican las emociones básicas y universales como el miedo, la repugnancia, el desprecio, el amor o la alegría. Hoy sabemos que no hay un solo proyecto que no parta de una emoción y que ninguna decisión, ni siquiera la más razonada cuando hay tiempo para ello, deja de estar contaminada por las emociones. Y sin embargo nadie -salvo la ciencia desde hace muy pocos años- ha dicho nada a los niños sobre lo único con lo que vienen al mundo.

La segunda conclusión que he sacado -a nivel individual-, es que valía la pena comprometerme en un programa de televisión para grandes audiencias titulado El Primero de la Clase con niños de 5º de Primaria y sus profesores. Cuando se consideraba la puesta en marcha de este proyecto, pensé que el blog podría canalizar las ideas más inteligentes y generosas que tanta falta hacen en el debate sobre la educación. Son niñas y niños de diez años. ¿Por qué no probamos con ellos? A lo mejor logramos sembrar alguna semilla que crezca y recupere el esplendor perdido.

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