martes, 20 de septiembre de 2011

Experiencia de amor


“Cuando morimos sólo nos examinan de amor”….comentó Loli López Justicia, Presidenta del Teléfono de la Esperanza de Granada. De momento no me hicieron reflexionar pero andando por la calle, la frase caló en mi hasta niveles muy profundos, y como si estuviera en la antesala del Tribunal de la Vida, inmediatamente después de la muerte, me vino de golpe una sensación fuerte, cálida, inundándome como un dique que se rompe y anega todo cuanto encuentra a su paso… sensación, experiencia inequívoca, clara y contundente, de amor.

La experiencia de amor recibido por mis padres, hijos e hija, por el que fue mi esposo, familiares y amigas/os, compañeros/as de trabajo y otras personas asimismo entrañables, ha ido construyendo la persona feliz que soy hoy.

Esa certeza de ser amada se acrecienta hasta constituir un sentimiento gozoso de alegría y agradecimiento por todos aquellos que expresan su corazón hacia mí a través de múltiples vivencias, palabras, caricias, besos y abrazos, regalos, mimos, un recuerdo, una recomendación o consejo, un reproche no dicho, una valoración, un dinero prestado sin urgencia de devolución, una carta, llamada telefónica… un e-mail o mensaje a través del móvil, una sonrisa, una felicitación en fecha señalada, un reconocimiento. Amor expresado de mil y una formas…

Quererme y aceptarme tal como soy, con todos mis defectos e imperfecciones. No juzgarme, sino comprender mi situación, mis circunstancias, mis causas atenuantes, mis miedos y limitaciones.

Experiencia de amor he tenido y tengo al sentirme escuchada, especialmente en esos momentos de dolor profundo donde parece que el suelo se hunde a mis pies. Este amor lo siento como un bálsamo en algunas heridas de alma.

Mi sentimiento es por una parte grandioso, extenso, cálido, hecho de materia intangible como el aire caliente del verano, o el perfume de una rosa, o la humedad en los momentos posteriores a la lluvia, o el olor peculiar, tan próximo a nuestras raíces primigenias, de la tierra mojada.

Por otra parte mi sentimiento se llena de nombre propios, de rostros queridos, historias compartidas. ¡Cuanto agradezco lo mucho recibido¡ Van pasando ante mí todas y cada una de esas personas y el momento me aporta lo más genuino y bello, en singular. Me detengo en la sensación, ante cada una de ellas, se me llenan los ojos de lágrimas de emoción. El corazón no tiene medida, el amor tampoco. ¡Cuanta generosidad, que alegría de recibir, de dar¡

Tener así esta experiencia de amor es rendirme a la grandeza del ser humano. Y reconocer que aquella persona que no ha recibido el regalo imprescindible del amor, tiene muchas más dificultades para vivir la vida de forma armoniosa, equilibrada y gozosa. Detrás de muchos caracteres agrios y personas egoístas hay una historia personal con carencias afectivas importantes. Ser amado y respetado nos posibilita para ser también personas generosas, abiertas, confiadas, con fe en la vida y en el ser humano.

Dar amor, recibir amor, es la esencia de la vida, la experiencia más gozosa y enriquecedora del ser humano, que nos construye como personas y nos hace trascender.

“Cuando morimos nos examinan de amor” ( San Juan de la Cruz). Quizá, por amor, si es que se nos juzga, seamos juzgados benévolamente.
Rosa Estañ Homs

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