jueves, 19 de septiembre de 2013

DIFICULTADES DE APRENDIZAJE. ¿EXISTE UNA TEORÍA CAPAZ DE EXPLICARLAS?



HIPÓTESIS DE LA “DISRUPCIÓN PERCEPTIVA SECUNDARIA”


Todos conocemos, en mayor o menor medida, las distintas variantes que prevalecen en el ámbito de las dificultades de aprendizaje (DA).Pero, ¿es posible que exista una teoría lo bastante ambiciosa como para intentar explicarlas desentrañando el núcleo común a todas ellas?
Es cierto que intentar dar respuesta  con una sola hipótesis a todo un agregado de trastornos en apariencia aislados puede parecer inabarcable, pero si leemos una definición de las DA, comprobamos que contempladas en conjunto tienen un nexo de grupo que como tal, indica la probabilidad de encontrar una solución asimismo compartida. Las DA se pueden describir en los siguientes términos:

“Un trastorno en uno o más de los procesos psicológicos básicos implicados en la comprensión o uso del lenguaje, hablado o escrito, que puede manifestarse en una habilidad imperfecta para escuchar, pensar, hablar, leer, escribir, deletrear o hacer cálculos matemáticos”.

Según esta exposición, el lenguaje es el “culpable” que subyace en la mayor parte de las DA conocidas. Ello se explica porque el lenguaje es, en efecto, la herramienta intelectual “estrella” capaz de convertir los estímulos que recibimos del exterior en símbolos que nos permitan expresarlos, comunicarlos y acumularlos para construir nuevos signos. En consecuencia, si no se domina el uso de la relación icónica por excelencia-el lenguaje-, no es de extrañar que aparezcan dificultades para desenvolverse en otros aprendizajes análogos.

Así pues, según lo antedicho, parece que existe la posibilidad de encontrar una tesis capaz de conjeturar cuál es el principio general que sustancia las DEA: la hipótesis de la DPS, “Disrupción perceptiva secundaria”  (De Torres, M.C., 2012).

Dicha teoría se puede resumir afirmando que todo lo que aprendemos se percibe de forma inconsciente enlazando con el pensamiento consciente mediante mecanismos neuronales que se pueden activar con un entrenamiento adecuado. Así, los seres humanos interpretamos el mundo que nos rodea mediante tres procesos básicos: percepción, aprendizaje y memoria. La percepción se produce cuando nuestro cerebro recibe estímulos externos: imágenes,  sonidos u otros. El aprendizaje consiste en adquirir conocimientos.

La memoria codifica los mensajes percibidos dotándolos de significado subjetivo, los almacena y además, permite su evocación. Existen varios criterios para clasificar la memoria, pero aquí se va a atender a su ordenación en memoria sensorial, memoria a corto plazo y memoria a largo plazo.

La memoria sensorial  estaría vinculada a la percepción de los estímulos de nuestro entorno, los cuales almacena durante fracciones de segundo. Su captación está relacionada con la familiaridad hacia el estímulo: a mayor costumbre, menor impresión.

Además, los estímulos tienen diferentes intensidades. Unos alcanzan la magnitud suficiente para que las personas nos percatemos de su existencia, pero otros no tienen la potencia necesaria. Estos últimos, que recibimos pero que no llegan a producir una sensación que nos avise de “que están ahí” y que por tanto, se encuentran por debajo del umbral mínimo de consciencia, es lo que llamamos estimulación subliminal o percepción subliminal. Sin embargo, el hecho de que no tomemos conciencia de su impronta,  no significa que resulten inocuos. Según las teorías del psicoanálisis, precisamente los mecanismos psicológicos que modelan la conducta pertenecen en gran parte al inconsciente; de ahí la influencia de la “publicidad subliminal”, mensajes que no experimentamos conscientemente pero que sí están llegando a nuestra mente e influyendo en nuestros actos.

De manera que podríamos estar  cocinando y oír la voz lejana de algún vecino o el zumbido de los coches que transitan por nuestra calle, pero sin otorgarle significado consciente, es decir que en este caso, nuestro cerebro estaría recibiendo información de forma inconsciente. Sin embargo, si escucháramos cómo se dispara la alarma de nuestra casa debido a que una puerta está mal cerrada,  la memoria sensorial se convertiría en memoria a corto plazo o memoria de trabajo. La memoria a corto plazo retendría la información el tiempo necesario como para que cerráramos la puerta y desconectáramos  la alarma rápidamente, pero no la almacenaría. Sin embargo, la memoria a largo plazo conservaría la información durante un lapso temporal suficiente como para aprender cuál ha sido la razón de que la puerta quede abierta y grabar en la memoria el error con el fin de no volver a cometerlo.

Así pues, si partimos de la base de que  toda la información que recibimos se impresiona en primer lugar como información inconsciente en nuestro cerebro, donde bajo determinadas variables, se transforma en información consciente, susceptible de transformarse en memoria a corto y largo plazo, es decir en adquisición de conocimientos o aprendizaje, entonces,  las causas estimadas del fracaso escolar –déficit de atención primaria, dislexia, dislalia u otras-  o, dicho de otra forma, el fracaso en el aprendizaje reside en la interrupción del  paso desde nuestra memoria sensorial hasta la memoria a largo plazo , la llamada “disrupción perceptiva secundaria”, siendo factible restaurar esta interrupción mediante la exposición repetida a dicha información simplificada.

Abundando en la anterior explicación, la memoria a largo plazo incide en la consecución de habilidades porque, como se ha visto en el ejemplo propuesto más arriba,  es la que, utilizando los conocimientos adquiridos anteriormente mediante la memoria sensorial  (el sonido de la alarma, la puerta abierta) , ha permitido aprender y producir nuevos conocimientos útiles para la adaptación medioambiental (evitación de daños previniendo lo necesario, como asegurar adecuadamente los accesos de entrada al hogar o la conexión de señales de aviso en caso de detección de intrusos)

En conclusión,  si se admite que al estudiar, la información se absorbe de forma inconsciente y automática, siendo posible que se manifieste en forma de memoria sensorial, el aprendizaje está al alcance de todos. La fórmula para obtener el éxito en el estudio radicaría, como se ha dicho, en restablecer la comunicación entre la memoria sensorial y la memoria a largo plazo. Este es el punto –débil- común a todas las DA,  que debemos proponernos erradicar  para superarlas, sea cual sea la esfera de  aprendizaje a la que estén referidas.

Bibliografía:

De Torres Vadillos, Mª Capilla. “Aprender a memorizar. Método CIMA”. Punto Rojo, Sevilla, 2013.

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