lunes, 10 de marzo de 2014

Estar a bien con uno mismo desde la escritura



 Escribir posee una capacidad terapéutica que han intuido desde siempre los escritores de todos los tiempos. Su parte racional, ligada al lenguaje, y su parte artística, creativa y emocional, le confiere la propiedad única de aunar estas dos facetas del ser humano.
            Gracias a la escritura, la persona es capaz de estructurar su pensamiento, desahogar estas emociones cuando le desbordan, tomar distancia sobre lo que le ocurre, descubrir sus recursos personales, y reflexionar sobre sus deseos, sus relaciones o sus conductas.
José María Calleja dice: “Escribir tiene algo de terapéutico. Escribir responde a la necesidad, para algunos ineludible, de contar; de contar historias, de elegir bien las palabras que mejor sirvan para contarlas; de contar aquello que uno ve, siente, lee, imagina, vive. Escribir es contar lo que uno necesita contar: contarse a uno mismo o contar a los otros. Pero escribir puede servir, además, para tratar de organizarse la cabeza, para saber lo que le pasa a uno, para volcar algo que de otra forma le quemaría dentro, para salir de un agujero. Digámoslo ya: escribir puede servir para ahorrarse el diván.”
Escribir nos conecta con nuestro “yo” más profundo y se convierte en un sincero ejercicio de autoconocimiento. A través de las palabras concretamos las emociones que hay en nuestro interior. Al escribir aprendemos a explorarnos; pero sobre todo, a materializar la deseada transformación personal.
Escribir las más íntimas reflexiones es un acto terapéutico y un antídoto para la insatisfacción o el sufrimiento. La escritura se convierte entonces en una profunda práctica espiritual.

Si vamos a empezar a escribir, un buen comienzo es saber por qué voy a escribir –aunque no es el único comienzo – Hay muchísimos autores que en algún momento, bien por haber sido entrevistados, bien porque han querido hacer un pequeño autoanálisis, han escrito sus razones para escribir. Benedetti en su libro “Variaciones sobre el olvido” nos cuenta ciertas respuestas como la de José Donoso: “Escribo para saber por qué escribo”, Fred Uhlmann dice: “Escribo por necesidad”, García Márquez responde: “Escribo para que mis amigos me quieran más”. En el fondo no sabemos por qué escribimos lo que sí sabemos es el enorme placer que produce la escritura y el gran alivio que ofrece como terapia.

“Escribir es una catarsis, que le permite a nuestros fantasmas, esos que nos habitan y nos asustan, salir para siempre. Nos permite también guardar en un cofre nuestros más preciados recuerdos, desde el olor a mango maduro de nuestra casa materna, hasta aquella canción con la que nos enamoramos.
Escribir es la posibilidad de crear el mundo que deseamos en el momento en que queramos.” “Carla Ramírez Brunetti”
            Lo único que hace falta para empezar es un cuaderno y un bolígrafo, o hacer uso de las nuevas tecnologías, como el ordenador. Lo normal es que el  que escribe elija el espacio y el instante que desee.
            Tómese un tiempo para escribir. La privacidad y comodidad son fundamentales. Use al menos 20 minutos para su ejercicio diario. Si no se siente muy  inspirado un día no se desanime, continúe el ejercicio. No censure su texto, escriba lo que quiera y sienta, no tiene ataduras de ningún tipo.
            No se preocupe por la ortografía, ni por la gramática, lo que nos interesa es dejar fluir la información interior hacia fuera.
Seria importante llevar siempre una libreta encima donde podamos anotar, pensamientos, sucesos que nos pasan, o los debates internos que experimentamos, para luego una vez en casa y más tranquilos podamos escribir más detenidamente.

Algunos ejercicios para realizar:
Como hacer un diario terapéutico:

Fisiología del cerebro
La formación reticular
            Desde la médula espinal hasta el tálamo. Constituye una red de neuronas que ayudan a controlar la excitación y la atención. Con la colaboración de la corteza cerebral, la formación reticular puede permitir que, mientras leemos o escribimos, los estímulos de alrededor parezcan menos intensos haciéndonos menos sensibles a ellos, lo que permite incrementar nuestra concentración en el asunto que tratamos. No obstante, en ese estado de concentración podemos discriminar entre un estímulo importante y significativo y otro que no lo sea, ya que así estamos procesando toda la información ambiental aunque de un modo no consciente. De esta forma reaccionamos ante nuestro nombre o ante el llanto lejano de nuestro hijo aunque estemos muy concentrados, dormidos o distraídos.
Al sentarnos a escribir sobre nuestra vida, sobre nuestro problema, ya sea su sentido, causas o, sobre todo, soluciones, propósitos o decisiones, la formación reticular va a facilitar que esto se convierta en un trabajo intenso y relevante al tiempo que va a permitir que lo “iluminado” en ese tiempo de trabajo sea un reclamo para nuestra atención aun después de acabada la tarea. Por ejemplo, si yo reflexiono, mientras escribo, sobre las tres cosas que mejoraron mi ánimo en la semana y anoto: Reunión de amigos, piscina y concierto. Mi atención a los estímulos que hablen o me recuerden a esas circunstancias en los próximos días se verá incrementada.
Centros de la memoria
Escribiendo insistentemente sobre un recuerdo negativo podemos llegar a perpetuarlo como algo más amenazante de lo que nunca en realidad fue o como algo mucho más benigno. Sabemos también, y hay múltiples experimentos que lo demuestran, al respecto de los cuales nacieron las terapias de desensibilización sistemática, que la exposición, graduada, controlada y segura a un estímulo negativo provoca la pérdida de intensidad en su significado por habituación. Por esto, hablar y escribir de los hechos negativos puede suponer un alivio, sobre todo si va acompañado del trabajo previo, posterior o simultáneo de reencuadrarlo o reestructurarlo en un contexto más positivo.
Hemisferios cerebrales
El proceso de escribir implica de diversa manera a ambos hemisferios, con lo que el trabajo se puede considerar completo, al permitir el aprovechamiento de todas nuestras capacidades. De un lado el hemisferio izquierdo llevará un trabajo analítico-lógico de nuestro pensamiento y de otro lado el hemisferio derecho podrá encontrar posibilidades de manifestarse desde ángulos con los que habitualmente no se trabaja en la búsqueda de soluciones a los problemas, esto es desde el campo creativo, intuitivo, experiencial e imaginativo. Con la escritura y dependiendo de la personalidad, el momento o las circunstancias podemos pasar con facilidad de un lado a otro, de lo lógico a la revelación explosiva que aporta sentido sin que podamos comprender como exactamente.
La terapeuta Carmen Velasco asegura que un estudio de las universidades de Stavanger en Noruega y del Mediterráneo de Marsella en Francia, “arrojó que el escribir con una sola mano mediante lápiz o bolígrafo para dar forma a nuestros pensamientos sobre el papel, estimula las capacidades neuronales más complejas y ejercita más el cerebro que con un teclado”, y que el escribir es una buena gimnasia para el cerebro.
La escritura como recurso en Psicología

Viktor Frankl: “Fue un neurólogo y psiquiatra austriaco, fundador de la Logoterapia. Sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau. A partir de esa experiencia, escribió el libro El hombre en busca de sentido.”
“tenemos que guiar al paciente a imaginar su propia vida como una novela en la que él es el protagonista y de el depende el desarrollo de los sucesos y la determinación de lo que va a suceder en los capítulos siguientes. Tenemos que apelar a su persona, a su actividad, invitándolo a imaginar la posibilidad de llegar a un punto extremo y de estar escribiendo su propia biografía. Esto le permitirá actuar con un mayor sentido de responsabilidad”.

Daniele Bruzzone: Pedagogo y miembro del consejo Directivo de la asociación de Logoterapia y Análisis Existencialista Flankliana (ALAEF).
“La escritura puede ser una herramienta en la Logoterapia, ya que la escritura es un dispositivo, o sea que es una técnica que le da forma a nuestra historia, a nuestra personalidad. La mente es un aparato generador de textos y de significados, y lo hace de manera narrativa. La mente construye, descontruye y reconstruye el sentido de ese cuento que es la existencia. (…) no transforma los acontecimientos, sino el sentido que estos tienen”.
Alejandro De Barbieri Psicólogo clínico y Logoterapeuta uruguayo, resume las ventajas de la incorporación de la escritura al proceso de psicoterapia, en su articulo “la cura por la palabra escrita”. Y nos dice:
Compromiso:
El invitar al paciente a escribir sobre su proceso, aumenta el compromiso del paciente para con su propio proceso de curación, lo mantiene “conectado” con él mismo y con su proceso, entre una sesión y otra; es decir, ayuda a mantener la continuidad del mismo ya que se reduce el “corte” que algunos pacientes hacen entre una sesión y otra.
Participación activa:
Lo hace sentirse más activo y disminuye la proyección de la “cura o de la palabra mágica en el terapeuta. El paciente es protagonista de su propia recuperación.”

Expresión de sentimientos:
Facilita la expresión de sentimientos y emociones.
Favorece la derreflexion:
El paciente deja de rumiar sobre sí mismo, para plasmar la idea en el papel.
Favorece el autodistanciamiento:
Tomamos distancia de lo que nos pasa, ya que escribir implica un proceso secundario de elaboración sobre lo vivido.
Freud destacó la importancia de la escritura en la terapia; y la usó, por ejemplo, para las asociaciones escritas en torno a los sueños. Jung, orienta la escritura en la misma dirección del desarrollo personal, la creatividad y la integración. Otros como Pers, Hafferline, Goldman y tantos otros, han sabido ver en el acto de escribir un método excelente para la mejor comprensión de los problemas, las crisis o los disturbios emocionales.
Haroldo Martínez, psiquiatra general del Hospital Psiquiátrico Nacional de Panamá y psiquiatra de niños y adolescentes de la Universidad Nacional Autónoma de México, expresa que él particularmente suele dejarles tareas a los pacientes, y entre ellas está el plasmar cosas, situaciones y sentimientos en papel. “La autobiografía es uno de los métodos para mejorar el trastorno de estrés postraumático -en caso de violación, maltrato, secuestro u otro suceso-, el cual busca que el paciente pueda normalizar los hechos y proceder a una forma de curación”, asegura el especialista agregando que el hecho de escribir lo que piensa y lo que pasa por su mente es un acto terapéutico. “Así va dejando de tenerle miedo a sus pensamientos”, concluye Martínez.
Quiero citar a Alexis Merchán, un Psicólogo experto en el área vocacional, que habla así sobre la escritura: “Llevar un registro de lo que nos pasa, cómo nos sentimos, o lo que pensamos acerca de nuestra propia vida, además de ser un excelente ejercicio de síntesis, permite conocernos mejor y darle una voz a nuestro interior…cuando escribimos lo que pensamos, logramos tener una mejor perspectiva de las cosas y hacemos trabajar a nuestra mente de una manera más ordenada.”

La escritura como recurso en la enseñanza
            El objetivo principal de la educación es propiciar y favorecer el desarrollo de la personalidad de los alumnos. El profesor en el aula no solo tiene en sus manos la posibilidad de transmitir conocimientos, sino una preciada oportunidad de abrirles las puertas a su mundo interior, a sus recursos personales, a su aceptación y valoración como individuos. Las estrategias para conseguir estos objetivos son  múltiples y variadas, y entre ellas se encuentra la escritura.

            La voz, los textos, la palabra escrita, son las herramientas más usadas en el aula para el aprendizaje. El niño aprende con ellas a estructurar su mundo y su realidad, a organizar sus ideas y a expresarlas, a asimilar conocimientos, y a realizar las tareas con orden, lógica, corrección y coherencia.
            Las palabras orales y escritas están a la orden del día en el niño y el profesor debe utilizar esos recursos para ayudar a que se conozcan, reflexionen, fomenten su creatividad, expresen sus emociones o resuelvan sus problemas.
            Los ejercicios de escritura pueden  servir de complemento en las aulas de enseñanza secundaria y en ocasiones en los últimos niveles de primaria, sobre todo desde las sesiones de tutoría. El educador podrá adaptarlos a las necesidades del grupo al que van dirigidos y propiciar no solo que sus miembros reflexionen por si mismos o que se conozcan, sino que se integren en el aula y se acepten entre ellos. Por otra parte, el profesor de lengua y literatura, por la afinidad de su asignatura con esta herramienta, podrá integrar muchas de estas actividades en los contenidos de su programación, contribuyendo no solo a fomentar la creatividad de sus alumnos, sino a su desarrollo como personas.
Tomar una tila, respirar hondo, dormir bien... A las múltiples estrategias para vencer los nervios antes de los exámenes se suma ahora la escritura. Una investigación, publicada en 'Science', recalca las bondades de reflejar por escrito las emociones hacia la prueba a la que vamos a someternos. Esta práctica libera la presión mental y favorece unos buenos resultados. "Una intervención de 10 minutos, previa al examen, (escribir sobre como está uno), y derivada de las teorías psicológicas sobre el estrés y el rendimiento, puede prevenir el agobio y mejorar la actuación, sobre todo entre los estudiantes que habitualmente se ponen nerviosos ante las pruebas", sostienen Gerardo Ramírez y Sian L. Beilock, de la Universidad de Chicago (EEUU).
Como recalcan estos autores, la sensación de nerviosismo que muchos sienten antes de someterse a una prueba 'emborrona' la memoria a corto plazo. Esto se suele traducir en una peor actuación y, por tanto, en unas notas más bajas de lo esperado.
"Escribir podría aliviar la carga de las preocupaciones [...] al ofrecer una oportunidad para reevaluar la experiencia estresante", afirma el trabajo. Bajo esa máxima, se ofreció la oportunidad de expresar por escrito sus pensamientos y sensaciones a varios grupos de estudiantes.
La escritura como recurso de enfermedad
            James W. Pennebaker, profesor de Psicología en la Universidad de Texas, que desde la década de los 80 estudia el poder curativo de la escritura, ha investigado el beneficio, no solo a nivel emocional sino también a nivel corporal, que posee esta terapia. Al escribir se ve implicada por un lado, la parte artística, irracional y emocional de la creatividad humana, y por el otro, la parte más lógica, racional y estructurada del lenguaje. Por lo tanto, se ponen en funcionamiento los dos hemisferios cerebrales, que interrelacionados ayudan a la regulación del sistema límbico y el equilibrio emocional. Habla de cómo aquellos traumas vividos, aquellas vivencias que se guardan en nuestro silencio mas profundo, son desencadenantes en muchas ocasiones del estrés, que “Podría acelerar procesos psicosomáticos, incrementando el riesgo de enfermedad y otros problemas relacionados con el. Contener pensamientos, sentimientos o comportamientos vinculados con traumas emocionales, provoca estrés; liberarlos debe, en teoría, reducirlo.”

            Varias investigaciones demuestran que el desahogo emocional que produce hablar o escribir sobre experiencias traumáticas pasadas causa una mejoría sintomática sustancial y duradera en enfermos asmáticos y artríticos, el doctor Valentín Fuster, cardiólogo, elogia los efectos saludables protectores de la comunicación sobre el músculo cardíaco y las arterias coronarias que lo nutren y oxigenan.
Un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston, Estados Unidos, el cual demostró que apuntar los pensamientos, sentimientos y emociones más profundas de la vida de cada uno de los pacientes podría mejorar el síndrome del colon irritable (SCI). Este hallazgo dejó ver a los realizadores del estudio que cuando la persona escribe con soltura sobre lo que siente, puede beneficiarse a nivel emocional y a nivel físico.
            Cuantas más veces narramos los sucesos y las emociones que nos perturban más fuerza pierden y menos posibilidades  tienen de perjudicarnos a largo plazo.

La escritura terapéutica y su benéfico en el ciclo vital del mayor
 Nos dice Villar Feliciano: “En los últimos años el enfoque narrativo y en especial el estudio de las historias vitales  ha cobrado un especial interés para la Gerontología. Escuchar como los mayores dan sentido a su vida y son capaces de elaborar historias coherentes ofrece una novedosa orientación para aproximarnos al estudio del envejecimiento y de las trayectorias vitales desde dentro.”
Dentro de este movimiento subjetivista, una de las perspectivas que ha atraído a más interés es el denominado enfoque narrativo, que propone, en esencia, la narración como instrumento fundamental mediante el que las personas dotamos de sentido a nuestra experiencia. Así, somos capaces de explicar nuestras vivencias y comprendemos las vivencias de los demás porque les aplicamos el formato y estructura propia de los relatos, que incluye elementos como los siguientes
(McAdams, 1993):

Un entorno que localiza la historia en un lugar y un tiempo determinado.
Unos personajes, que serán los protagonistas de la historia, y que tienen unos objetivos y motivaciones particulares, en ocasiones contrapuestos.
Una trama, entendida como una secuencia de acontecimientos externos y acciones llevadas a cabo por los protagonistas para conseguir sus metas, elementos que se distribuyen en el tiempo mediante cadenas de causas y efectos. En una historia típica, esta trama genera cierta intriga (motivada por el desconocimiento acerca de si los protagonistas lograrán finalmente sus metas o no), hasta llegar a un clímax en el que la tensión de la historia es máxima.

Un desenlace que pone punto final a los esfuerzos de los protagonistas por lograr sus metas. Llegado a este punto, los personajes se han transformado respecto a cómo eran al inicio de la historia: han aprendido cosas. Eso que los personajes de la historia aprenden es la lección que se pretende transmitir narrando la historia, su moraleja.

Las narraciones serían una forma fundamental por la que nuestra mente es capaz de dar sentido al mundo, lo que ha llevado a numerosos autores a hablar de la “mente narrativa” (Bruner, 1991). En este contexto, las historias vitales serían un tipo particular de narraciones, aquellas en las que el narrador habla de sí mismo. Es decir, son relatos (generalmente orales, para los escritos se reserva el término ‘autobiografía’) en los que el narrador es al mismo tiempo el protagonista de la historia. Elaborando el relato, el narrador organiza y da sentido a aspectos relevantes de su propia vida y permite entender los cambios que se han experimentado durante cierto periodo concreto de su trayectoria evolutiva.”

Autor: Jose Ramon Diaz Martinez
Su blog:  http://haciaunavejezdigna.blogspot.com.es/

Podéis ver el artículo completo en:
Documento “Emociones y taller de escritura en adultos mayores”:
BIBLIOGRAFIA:

VILLAR, Feliciano (2006). “Historias de vida y envejecimiento”. Madrid, Portal Mayores, Informes
Portal Mayores, nº 59. Lecciones de Gerontología, VII [Fecha de publicación: 29/06/2006].
<http://www.imsersomayores.csic.es/documentos/documentos/villar-historias-01.pdf>
Adorna Castro, Reyes. Practicando la escritura terapéutica, 79 ejercicios, Desclée de Brouwer. Bilbao, 2013.
Kohan, Silvia. La escritura terapéutica, Editorial Alba, 2013.
Rodríguez, Manu. Manual de escritura curativa, Editorial Almuzara, 2011.
Bruder, Mónica. Escritura y cuento terapéutico, colección Hormé,

Algunos ejercicios:
Ramírez Brunetti, Carla. Use el lápiz y sea feliz

Estudio:

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