lunes, 5 de diciembre de 2016

En dirección al CAMBIO EDUCATIVO (1ª parte)


¿Hacia dónde va la Educación del Siglo XXI? 
¿Qué cambios necesita realizar el profesorado?
Te proponemos una serie de reflexiones y de ejercicios.


¿QUÉ NECESITAS PARA INICIAR EL CAMBIO?

Ejercicio 1.
¿Qué ves en la imagen? ¿Te identificas?
Esta pregunta sirve como re encuadre, base para tomar conciencia sobre lo que queremos conseguir. La intra historia que guarda esta cuestión se apoya en la siguiente operación: Confianza + Seguridad, tanto personal como para aportar a nuestro alumnado, revestido de una capa de Coherencia[1]. “¿Qué tienes preparado para tu clase de mañana?” En nuestra práctica habitual, de diario, tendemos a pronosticar, a jugar a ser magos, lo cual aporta una sensación de calma, de control[2]: ¡Cámbialo!

El plano personal es fundamental para el cambio: nuestra actitud, perspectiva, razonamiento, comprensión... Para iniciar este camino, ve probando con pequeñas modificaciones, reestructuraciones, acciones que denominaremos micro cambios, los cuales nos llevarán hacia donde decidamos: por ejemplo, para lo personal, prueba a levantarte más tarde o antes, desayuna con un té y fruta en lugar de café y tostadas, ve por otro sitio al Colegio... y para tu clase, modifica el espacio, los sitios que ocupan[3]... Para lograrlo, te será de mucha ayuda cambiar tus “tengo que” por “quiero”, ya que con este planteamiento te conviertes en analista y observador objetivo de lo que consigues con lo que a menudo concebimos como obligaciones: propongamos una situación muy frecuente entre el profesorado como es corregir exámenes (cuestión que, por otra parte, a nadie agrada pero se continúa haciendo:¿algún voluntario para explicarlo?). De esta forma, el “tengo que corregir exámenes” lo modificamos por “quiero corregir exámenes porque me permite saber la evolución de mi alumnado, porque forma parte de mi trabajo, porque quiero ayudarles...” y se le añaden todas las consideraciones que se crean convenientes.
Ejercicio 2.
Te propongo ahora que realices este mismo ejercicio con la siguiente premisa: “tengo que iniciar el cambio”. Elabora un listado. Del resultado puede depender si se está en disposición para el cambio. Tú decides. 
 Ejercicio 3.
Nuestras creencias, que son las que dominan y rigen nuestros pensamientos, expectativas y acciones, han de revisarse si es necesario para propiciar esta propuesta, debido a que este cambio de mirada es otra manera de ver a la gente, de considerar a nuestro alumnado, de estar en el mundo. Es, en este sentido, en el que nos hemos de plantear otra pregunta: “¿Qué consideras que se espera de ti como docente: labor humanitaria o humanística, autoridad o autoritarismo?”
  Seguimos haciendo lo mismo, con tesón y disciplina, a pesar de que la sociedad, sus hábitos o la naturaleza están en continua modificación; sin embargo, la educación, su sistema y pilares básicos los conservamos como inamovibles. “Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”, dijo Einstein.
Escuchemos a nuestro alumnado, démosles sinceridad y eso nos devolverá, ofrezcamos violencia y eso nos dará, transmitamos miedo[4] y eso reflejará. La experimentación personal les conducirá a vivenciarlo, a hacerlo suyo, metabolizarlo, que forme parte de sus vidas, que salga de ellas y ellos... ¿quién aprende a montar en bicicleta sin subirse a una?
 Ejercicio 4.
¿Cómo es tu lenguaje verbal y no verbal en el aula? ¿Qué quieres conseguir cuando solicitas silencio en el aula? ¿Cómo gestionas ese silencio?

 Conceptos enlazados.
1.- Coherencia.
Esta capacidad es el resultado de ser consecuente y de ser congruente de manera indisoluble. Así, el ser consecuente consiste en hacer una acción para obtener el resultado buscado, mientras que el ser congruente da sentido a esa acción: por ejemplo, un alumno está en clase y tiene una duda, levantará la mano porque quiere una solución (consecuente), donde la congruencia (el sentido) es el motor que hace que levante esa mano.

2.- Concepto de control.
El control es pura fantasía personal, es irrealizable. Esta idea responde a nuestro miedo o F. E. A. R. (fantasía experimentada con apariencia de realidad), el cual ha de ser racionalizado y no relativizado para ser superado. Este concepto, el control, establece un círculo vicioso de varias lecturas: la costumbre me lleva a la rutina, ya que me aporta seguridad, cuyo reflejo lo veo en el control del aula, lo cual se convierte en costumbre.
 3.- ¿Cómo sentamos a nuestro alumnado?
Este apartado guarda una relación íntima con el anterior, debido a que también obedece a lo antes expuesto. Tradicionalmente, el alumnado ha sido sentado en las aulas dependiendo casi por entero de su rendimiento, o lo que es lo mismo, el producto nacido de la combinación entre notas y comportamiento; por tanto, mal rendimiento implica dos caminos igual de opuestos: o pegado a la mesa del profesor, o relegado al sitio más lejano de este referente. ¿Y si planteáramos esta controversia argumentando que lo menos importante es la posición donde se sitúan y lo fundamental es la persona?
 4.- El miedo.
¿Qué comunicamos en el aula? ¿Cómo nos planteamos las sesiones? ¿Todos los cursos tienen la misma consideración? ¿Cómo me veo? ¿Cómo es mi lenguaje verbal? ¿Y el no verbal? No podemos convertirnos en un factor limitante: ¿cuántas veces les hemos dicho “sed responsables” o “sed realistas” (ya sea verbalmente o no) ante un objetivo o sueño que tienen?
El cambio se hace dentro para luego reflejarlo en la actividad en las aulas, como profesor o profesora



Profesor- Coach Humanista- Formador

Colaborador de Educar-Hoy y Escuela Esmeralda

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